
15 de abril – 10 de mayo 2009
Sala C, CENTRO CULTURAL RECOLETA
BUENOS AIRES
Sala C, CENTRO CULTURAL RECOLETA
BUENOS AIRES
Realismo y eclecticismo
Paradójica, a veces trágica, otras cómicamente, la arquitectura que se propone a sí misma como arte. La obra presentada por LMP en la exposición del CENTRO CULTURAL RECOLETA sugiere todo lo contrario. Su carácter ecléctico, obedece a un realismo que acepta las cambiantes circunstancias de las obras como algo de donde partir. Comienza por el reconocimiento de las circunstancias variables del clima, las condiciones diversas de la producción, los aires particulares de cada geografía. El reconocimiento de estas limitaciones, no como un inconveniente, sino como la sustancia que da sentido a las obras. Dejando ver una confianza en la que la principal empatía debe establecer, no es con la producción anterior del propio autor, sino con el lugar, el clima, la gente, los recursos de que allí se disponen.
Es en este sentido que realismo y eclecticismo son dos condiciones que se hacen complementarias, en tanto el eclecticismo del conjunto de la obra de LMP es el resultado de esa atención por las condiciones particulares de cada encargo.
Una mirada retrospectiva a una obra producida a lo largo de casi 30 años es obliga a tomar un perspectiva equivalente. Cuando las discusiones sobre una “modernidad apropiada” o un “regionalismo crítico” y otras posiciones revisionistas comenzaban a reconocer lo inapropiado de una modernización universalista y mecanicista, cuando estas discusiones recién apenas empezaban a difundirse en las aulas, LMP estaban llevando adelante con envidiable convicción y notable aplomo experimentos que aun hoy se muestran como interesantes aportes a un debate nunca del todo cerrado.
La nueva conciencia contemporánea de un mundo más residual que natural, es también la aceptación de que en cualquier caso, el paisaje es una escena, y que la simulación de la naturaleza puede ser tan decepcionante como la simulación del pasado. La arquitectura puede extenderse sobre el paisaje, haciéndolo suyo y señalando adonde dirigir una mirada que será inevitablemente nostálgica. Lo será respecto de una naturaleza idealizada, como también de una cultura vernacular cuya recreación debe elegir entre una simulación engañosa, una parodia caricaturesca, o el mas culto, aunque difícil, intento de recoger en clave contemporánea, sus elementos y patrones espaciales y constructivos. En la obra de LMP predomina esta última actitud, y prueba de ello es el contraste entre las obras patagónicas y las caribeñas.
El trabajo e LMP se encuentra ahora precisamente frente a ese difícil ejercicio de una producción globalizada en lugares altamente caracterizados, por su geografía, cultura y tradiciones. Su trabajo experimental de los años `80 ha sido buen entrenamiento para afrontar este desafío. La sensibilidad al suelo y el paisaje. Un desafío todavía en marcha, a juzgar por la cantidad de encargos que LMP tiene hoy en carpeta.
Fernando Diez.


















